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viernes, 27 de julio de 2012

EL HOMBRE SIN CABEZA




Bajo la sombra de una pesquisa periodística en torno a un crimen, Antonio Tabucchi (Vecchiano 1946 – Lisboa 2012), nos adentra por un territorio de variada literatura. El gitano Manolo encuentra el cuerpo (sin cabeza) de Damasceno Monteiro; el joven periodista Firmino se desplaza a Oporto para el seguimiento; y Tabucchi diseña, desde las primeras líneas, toda la densidad literaria de una profunda reflexión. Hablamos de La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, un intenso relato de tensión sostenida. Toda la obra aporta la diversidad de la duda, las múltiples contradicciones de una sociedad compuesta por la ambigüedad y el secretismo. Tabucchi utiliza la muerte como punto de partida de una intimidad que los personajes van, más que creando, descubriendo a medida que el texto avanza y van apareciendo otros personajes (sublimes como todos los que crea Tabucchi), y el destino trágico y milenario marca el texto como un drama extraordinario.




Punto culminante de la novela son las conversaciones entre el joven Firmino y el abogado Fernando Diogo Maria de Jesús de Mello Sequeiro, más conocido como Loton, donde Tabucchi despliega una inteligencia que, a la vez que perfila y define a los personajes, dota al texto de un hondo contenido humano y casi filosófico. Por otro lado está ese tono desesperanzado y triste, gris como Lisboa (y Oporto) en invierno, que asoma intensamente en cada línea; una evocación constante que ocupa el espacio que siempre parece (y aparece) a punto de quebrarse, pero al que Tabucchi muestra una mínima rendija de luz por donde expandirse. Construye, con todo esto, un perfecto relato que convierte a Antonio Tabucchi en uno de los escritores fundamentales de la segunda mitad del siglo XX.

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